


20 de abril de 2002
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n"Me fué revelado que los jóvenes deben tomar una posición más
elevada, y hacer de la Palabra de Dios su guía y
consejera. Sobre los jóvenes descansan solemnes responsabilidades
que ellos consideran con liviandad. La introducción
de música en sus hogares, en lugar de instarlos a la santidad y a la
espiritualidad, ha sido el medio para apartar sus mentes de la
verdad. Los cantos frívolos, y las piezas musicales populares y de moda, parecen
agradar su gusto. Los instrumentos de música han tomado
tiempo que debiera haberse dedicado a la oración. La música, cuando no se
abusa de ella, es una gran bendición; pero cuando se le emplea mal, es una maldición
terrible". (Testimonios para la
Iglesia, tomo 1, pág 497)
Es Que No Me Gusta…